30/06/2014

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Aeropuertos públicos vs. privados

La privatización de los aeropuertos sigue siendo un debate abierto. En los últimos 30 años el transporte aéreo ha cambiado el mundo. Los aeropuertos se han convertido en la puerta de entrada para millones de personas. Debido a esto, los aeropuertos también se han convertido en muchos casos en inversiones muy rentables.

Quienes se oponen a la privatización argumentan que la industria aeroportuaria es un monopolio natural, y por lo tanto debe ser dirigido y controlado por el gobierno para el bien público. No es justo que una entidad privada pueda beneficiarse de una infraestructura que es de dominio público.

Más aún, el cálculo del retorno de la inversión por parte de los inversores privados no tiene en cuenta los ingresos generados por el desarrollo empresarial de una región. Por ejemplo, la construcción de un aeropuerto con dinero público puede crear con el tiempo una próspera industria turística en una región que actualmente está deprimida. Por ello, el problema del inversor privado, es que éste puede extraer los beneficios obtenidos y no reinvertirlos en el futuro desarrollo del aeropuerto – y de la región –

En la privatización de los aeropuertos, la confluencia de los intereses contrapuestos de ambas partes es un verdadero desafío.

Por último, el ruido y otras afecciones ambientales generadas por los aeropuertos deben ser parte del trato. Por ejemplo, muy pocas veces el coste de la contaminación acústica se incluye en la cuenta de resultados de un aeropuerto privado. Con demasiada frecuencia, los políticos recurren a los fondos públicos para cubrir los costes de la contaminación acústica – incluso en los aeropuertos privados –. Éstos los usan para aplacar la ira – y endulzar el voto – de las poblaciones colindantes.

Los defensores de los aeropuertos privados argumentan que la privatización erradica la ineficiencia y se introducen estilos de gestión orientados al cliente. Las empresas estatales son famosas por dotarse de demasiado personal y sobreprotegerlo. El trabajador público, añaden, desconoce las realidades del mercado.

Además, dado que los gobiernos también son conocidos por las construcciones faraónicas a costa del contribuyente, el exceso de capacidad tiende a ser la marca de fábrica de muchos aeropuertos públicos. Por otro lado, el inversor privado se asegura de llevar a cabo solamente aquellos proyectos que sean económicamente viables. Este es así ya que éstos exprimen al máximo la capacidad de la infraestructura antes de añadir cualquier nueva ampliación.

Por último, los defensores de la privatización argumentan también que la titularidad pública no es garantía de la democratización de la industria. Hace 40 años, sólo los ricos y famosos podían darse el lujo de volar en las compañías aéreas estatales del pasado. Sólo cuando vino la desregulación y la privatización en un mercado competitivo los billetes de avión se hicieron asequibles para todos.

La pregunta sigue siendo, ¿qué es mejor para el interés público? ¿Aeropuertos públicos o privados?

Los estudios académicos, que han utilizando ratios financieros complejos y análisis de productividad, no son concluyentes. Depende. También hay muchos tipos de privatización. Desde la contratación de sólo ciertos servicios, tales como los servicios de asistencia en tierra (handling), restaurantes o aparcamientos, hasta la venta de todas las instalaciones del aeropuerto, como en la operación de venta de la British Airport Authority, que tuvo lugar con Margaret Thatcher en 1987. Existen muchos otros pasos intermedios .

Un factor clave es cierto: El valor de la privatización depende de la competencia. Sin competencia, la privatización será en vano. Pero no deberíamos engañarnos. El negocio aeroportuario no es tan monopolista como parece. La competencia en el sector de los aeropuertos va más allá de las fronteras regionales o nacionales. Por ejemplo, los aeropuertos de las zonas costeras en España están compitiendo por los turistas de los aeropuertos en el otro extremo del Mediterráneo. Las líneas aéreas que atienden a los pasajeros que buscan sol y playa operan con los aeropuertos que les ofrecen la mejor propuesta. No les importa si el aeropuerto está en Grecia, Italia o España. Saben que a muchos pasajeros tampoco.

Creo que en muchos casos la solución ideal es una asociación pública/privada. El socio público se asegura de que los intereses a largo plazo de la comunidad son atendidos. El inversor privado garantiza que las operaciones aeroportuarias se ejecutan de manera eficiente y que no habrá dinero público que se despilfarra en la construcción de infraestructuras innecesarias.

La confluencia de los intereses contrapuestos de ambas partes es un verdadero desafío. No voy a decir que la convivencia diaria sea una tarea fácil. Se parece más bien a una montaña rusa salvaje. Ahora bien, montarse en la montaña rusa, si el cinturón de seguridad está bien sujeto, puede ser bastante divertido.

 

 

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10 Comments » for Aeropuertos públicos vs. privados
  1. Carlos Belmonte says:

    Me parece un texto muy acertado. La virtud está en el punto medio, dicen. No obstante, basta plantear una cuestión como esta para que se echen encima los oportunistas de turno, como está pasando con el tema de Aena. Creo que lo mejor, en todos los casos, es un equilibrio adecuado entre socio público y socio privado.

    • Muchas gracias por tu comentario. Espero que el artículo ayude a que cada vez seamos más los que pensemos que un tándem público-privado puede aportar lo mejor de los dos modelos.

  2. Alejandro Beltrán says:

    Interesante artículo y sobre todo bien planteado.
    Soy de la opinión de que las infraestructuras básicas (al decir básicas no quiero decir malas o simples, si no adecuadas para el desarrollo de la zona) las debe poner el Gobierno y ser de gestión pública. Después de esas básicas, las infraestructuras “extras” deberían ser privadas ya que serían unas infraestructuras no necesarias y que, aunque podrían ayudar todavía más al desarrollo de la zona, su razón de ser sería simplemente la posible rentabilidad o negocio.

    Sí quiero puntualizar un comentario en el texto y que es extensible a la mayoría de los casos en los que se justifica esa privatización:
    “[…] argumentan que la privatización erradica la ineficiencia […] dotarse de demasiado personal y sobreprotegerlo […]”
    Si una de las razones principales para la privatización es que la gestión pública se está haciendo mal ¿no nos estaremos equivocando? ¿No será mejor hacer que la gestión pública sea eficiente, coherente y esté bien dimensionada en lugar de privatizar?

    Si para lo privado puede ser rentable para los público también puede serlo, solo hay que trabajar para que sea así. Creo que el problema de las privatizaciones es que se usan como medida sencilla en lugar de trabajar para mejorar esa eficiencia y seguir manteniendo el control.

    • Gracias por tu comentario. Creo que tenemos puntos de vista divergentes sobre lo que podemos esperar de la gestión pública y no sé si este blog es el foro adecuado. El sistema público, en general, ni recompensa al trabajador que se esfuerza ni castiga al caradura. Es duro decirlo, pero una organización que no despide a nadie no podrá nunca ser tan eficiente como otra que sí lo hace.

      No estoy haciendo una crítica al sistema público. Éste tiene la función de maximizar el bien de la sociedad, aún a costa a veces de ser “menos” eficiente, al menos desde el punto de vista contable. Pedir la eficiencia “económica” de la privada al sistema público es simplemente imposible. Las reglas de gestión y gobierno no están hechas para ello.

      Análogamente, esto sería como pedir maximizar el bien de la sociedad a una empresa privada. Imposible. La empresa privada está programada para maximizar el valor de sus accionistas. Es verdad que muchas tienen programas de Responsabilidad Social Corporativa, pero, honestamente, al final nunca se podrá esperar la eficiencia “social” de la pública en una empresa privada.

      Como he dicho en el artículo, creo que tenemos que saber encontrar el equilibrio.

  3. Borjamari Pardal de Sotomayor says:

    La competencia – el ejemplo de aeropuertos turísticos de las costas españolas – no es entre aeropuertos, sino entre costes total del viaje y utilidad obtenida en destino. Ese tipo de pasajero “pasa” de la comodidad de los aeropuerto, salvo que el aeropuerto sea un peligro real o que el pasajero sea de élite. Los aeropuertos influyen poco en la decisión de viaje. Y las tasas de servicios aeroportuarias, menos; los pasajeros ignoran su cuantía. Influye el precio del billete, en la medida que deja menos presupuesto de gastos en destino. Y son, finalmente, estos destinos turísticos los que determinan la competencia por capturar tráficos. Al público le importa y es consciente de la”utilidad” del destino : diversión, clima, seguridad, servicios de emergencia, atención en su propio idioma, calidad, programas de visitas y diversión complementarios y alternativos, etc. Quien compite fuertemente es la región.

    • Gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo que la región es uno de los factores de decisión más importantes para la mayoría de los pasajeros. Sin duda alguna. De todos modos, existe un sector no despreciable del mercado turístico que vuela a destinos estimulados por la compañía aérea. Y la compañía aérea, lógicamente, estimula el tráfico hacia los aeropuertos que le son más rentables. ¿Cómo explicar si no las variaciones de tráfico de un aeropuerto como, por ejemplo, Reus?

      En general este efecto no es tan evidente en los aeropuertos. Es mucho más marginal. Sin embargo, como el aeropuerto es un negocio intensivo en capital y de costes fijos, el beneficio se encuentra a menudo en dicho marginal. En algunos casos, unos pocos pasajeros pueden ser suficientes como para afectar al resultado económico del aeropuerto.

      Ojo, la región también sale perdiendo. El pasajero Low-Cost bebe cerveza y duerme en hoteles como todo hijo de vecino.

  4. Sanjuan G. says:

    Tengo mis dudas sobre si la privatización de aeropuertos provocará una mejora de los mismos a consecuencia de las necesarias medidas e inversiones para su competitividad o si nos encontraremos con un enjambre de problemas derivados de organizaciones que han vivido durante muchos años al amparo del Estado. Desde luego la privatización funciona en aquellos aeropuertos donde se ha llevado a cabo. También hay que decir que los empleados están obligados a rendir cuentas a la empresa. Un aeropuerto estatal es como un ministerio, donde hay de todo.

    • Vicente Padilla Vicente Padilla says:

      Gracias por su comentario. Como ya he dicho, no existe la organización perfecta, ni pública ni privada. En el caso de los aeropuertos entiendo que, aunque difícil, lo ideal es que ambas formas de ver el negocio lleguen a un equilibrio en beneficio de los usuarios, desde las propias compañías aéreas hasta los viajeros.

  5. Alberto Martín Cañas says:

    Es muy acertado su artículo, y más considerando el proceso de privatización de Aena. Obviamente la calidad está más cercana a la competencia que al conformismo. Buen artículo.

  6. Vicente Padilla Vicente Padilla says:

    Muchas gracias por su comentario, Alberto. En efecto, la competencia es un revulsivo muy importante para cualquier organización.

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