09/09/2014

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El aire en el interior de los aviones

¿El aire en la cabina de un avión está realmente lleno de gérmenes?

Entre los mitos acerca de la aviación civil, uno de los más recurrentes es la transmisión de enfermedades en los aviones. El Ébola, como el caso hace unos años del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo y Grave), no puede llegar a nuestros países a través de los viajeros aéreos infectados, por lo que las autoridades están tomando medidas para limitar el riesgo de que una persona infectada pueda salir de una zona contaminada. Pero aparte de estas situaciones especiales (estar sentado junto a una persona infectada por el virus ébola no es deseable, en un avión o en cualquier otro sitio), ¿el aire de los aviones es realmente tan impuro como nos lo imaginamos?

En realidad, es muy limpio en comparación con el aire que normalmente respiramos. En todos los aviones modernos, los pasajeros respiran una mezcla de aire fresco y de aire reciclado, lo que permite regular la temperatura de la cabina mientras se mantiene un nivel aceptable de humedad. No hay reservas de aire en un avión, pero mientras volamos se puede capturar el aire exterior, extremadamente puro a esta altitud. Obviamente, ese aire no se inyecta directamente en la cabina porque es muy denso y, además, porque está a una temperatura cercana a los -50°C.

El aire exterior es absorbido primero por el motor y pasa a través de sus compresores, lo que conduce a un aumento importante de la temperatura, con dos consecuencias: todos los microorganismos nocivos son destruidos y el aire pierde también casi la totalidad de su humedad. Este hecho es muy incómodo para los pasajeros, ya que nos deshidratamos más rápidamente, nos tira la piel y provoca picor en los ojos. Cabe señalar que no hay contacto directo de ese aire con los gases de combustión y, por tanto, no hay riesgo de respirar vapores del queroseno. El aire se enfría, se comprime y se inyecta en la cabina a la presión atmosférica existente a una altitud de unos 1.600 metros, lo cual es aceptable para todos, incluyendo los asmáticos.

Existen al menos dos sistemas neumáticos de introducción de aire en los aviones. El aire se inyecta desde la parte superior de la aeronave (a través de las rejillas de ventilación y de los aireadores individuales situados por encima de cada asiento) y se aspira hacia debajo del fuselaje. A continuación, el aire es evacuado en dos partes: la mitad se expulsa fuera del avión mientras que la otra mitad vuelve al interior ya filtrado y mezclado con aire fresco cogido directamente del exterior. Según Boeing, los filtros pueden capturar entre 94% y 99,97% (para el B787) de los microbios, una cifra récord. Al final, este ciclo continuo es tan eficaz, que todo el aire del avión se renueva cada dos o tres minutos. Numerosos estudios han demostrado que el aire que respiramos en un avión es mucho más limpio que el existente en cualquier otro medio de transporte o lugar cerrado, incluyendo una oficina con aire acondicionado o una habitación con las ventanas abiertas.

La única queja que podemos tener realmente del aire de un avión es su nivel de humedad: Por lo general se encuentra en valores entre 5-10%, es decir, menos que el del desierto del Sahara. Esta sequedad reduce la eficacia de las mucosas nasales y puede provocar un aumento de la sensibilidad a los virus, las horas posteriores a cada vuelo. Existen sistemas costosos y potentes para humidificar el aire, pero no son muy eficaces y tienen efectos secundarios molestos, como son los problemas de corrosión acelerada o la aparición de gotas de condensación. Las últimas aeronaves diseñadas por Boeing y Airbus (respectivamente el B787 y el A350) tienen en cuenta desde el primer momento la cuestión de la comodidad de los pasajeros. En ellas, el nivel de humedad se duplica, pues supera el 15%, un rendimiento también propiciado por el uso de fibras de carbono resistentes a la corrosión.

Hay un último tema a señalar: Seguramente usted habrá visto a la tripulación del avión difundir el contenido de un espray a todo lo largo del avión. No se trata en absoluto de un desinfectante, sino simplemente de un insecticida, inofensivo para los humanos. Su único objetivo es matar a los mosquitos que tienen la fantástica idea de embarcar con los pasajeros, ya que en este caso el riesgo es real (mosquitos infectados con enfermedades tropicales). Desde los años 60, se han contabilizado en Francia treinta casos de Malaria en personas que viven cerca de un aeropuerto internacional, dato curioso ya que estas personas nunca habían salido de la ciudad.

Así que pueden respirar tranquilamente en sus próximos vuelos, el aire del avión siempre estará más limpio que el de tierra firme, incluso más que el de su propia casa.

 

Xavier Tytelman
Especialista en Seguridad Aérea
Blogger aeronáutico (blog-peuravion.fr)
Responsable del Centro de tratamiento del Miedo a Volar en Avión (www.peuravion.fr)

 

 

 

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