29/09/2014

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Los wearables entran en los aeropuertos

 

Un wearable es una computadora corporal o computadora vestible.  Para que sea considerado como tal debe cumplir dos características: lo puedes llevar puesto durante un periodo prolongado incrementándose la experiencia de usuario y debe poseer circuitería propia con conectividad inalámbrica y capacidad de procesamiento independiente.

Aunque es un concepto que lleva dando de qué hablar varias décadas,  para muchos de los mortales  el término “wearable” así a secas no sugiere nada. Para otros muchos ha empezado a sonar hace relativamente poco.  En cambio para la comunidad Geek es un viejo conocido. Dentro de poco será tan común como un  Smartphone o una Tablet.

Lo cierto es que hay industrias que llevan trabajando en esto hace ya muchos años y ya se aprecian avances considerables en el ámbito industrial con fábricas y centros logísticos inteligentes con operarios haciendo uso de tecnología HUD (Heads-up displays) mejorando la gestión y  los ciclos de fabricación, o en el  militar como el FFW (Future force Warrior) de US por citar alguno.

En la industria aeroportuaria y más concretamente en la explotación también hay movimiento. Copenhagen ha iniciado recientemente los tests para el uso de gafas con tecnología HUD por su personal de atención al cliente para comunicarse internamente entre ellos,  para atender a pasajeros en múltiples idiomas, y como herramienta de consultas a base de datos para atender peticiones de los pasajeros en tiempo real mientras conversan con ellos.

Repasando la trayectoria de estos aparatos, en la década de los 80 empezó a tomar forma con algún prototipo muy rudimentario pero sofisticado para la época. Una prueba de concepto, nada más.

En los 90 ya empezó a aparecer algún reloj computadora o unas gafas que jugaban con la realidad aumentada superponiendo un mundo virtual a nuestra visión. El mercado seguía sin aceptar este tipo de dispositivos por su coste y  aparatosidad.

Durante la primera década del nuevo siglo,  la telefonía móvil se adentró en nuestras vidas y parece que llegó para quedarse por mucho tiempo. Los grandes fabricantes iniciaron entonces una batalla fratricida junto con los operadores de telefonía  para ganar cuota de mercado catapultando todo un desarrollo tecnológico en torno a la telefonía y las telecomunicaciones, donde lo más cool era quien tuviera el terminal más pequeño.  El wearable seguía intentando emerger  pero tímidamente y sin éxito a través algo como un reloj-móvil. Había que seguir intentándolo.

Hoy día, el desarrollo tecnológico ha permitido llevar más potencia a un terminal móvil de la que teníamos hace 5-10 años en un PC avanzado. Pantallas multitáctiles con resoluciones inapreciables para el ojo humano,  cámaras, acelerómetros, giroscopios, barómetros, sensores dactilares y de proximidad, GPS, wifi, 4G, NFC, RFID,…, la lista no termina. Curiosamente, ahora lo más cool es tener un phablet conectable a todo y si es grande mejor.

Pero ¿dónde queda el wearable?

Bueno, centrándonos en el consumo masivo, a día de hoy sigue dando vueltas alrededor del Smartphone y parece que va a seguir siendo así, ya sea a través de un Gear en forma de pulsera con sensores, en forma de gafas o de anillo. De mil formas, para controlar nuestro peso o nuestras constantes vitales, nuestros movimientos…  De momento están para complementar al Smartphone. Básicamente porque lo necesitan. Necesitan de su potencia, de su conectividad y necesitan de su interface.

Es difícil adivinar el futuro de estos dispositivos, aunque creo que van perdiendo la batalla. Tal vez los gurús ya lo tengan claro mientras juegan con nosotros.

Mientras tanto, hasta que la tecnología no permita incluir toda la potencia de un Smartphone en un tornillo y los precios de estos dispositivos no bajen, un wearable seguirá  dependiendo del Smartphone.

Tal vez entonces  la industria aeroportuaria, las aerolíneas y las empresas de servicios que giran en torno a los aeropuertos se animen a imaginar,  potenciar y estandarizar el uso de estos dispositivos para mejorar la experiencia del usuario. Tal vez con tarjetas de embarque inteligentes intraepidérmicas, o tal vez con señalética de realidad aumentada o megafonía personalizada.

Las grandes potencias de la industria están trabajando en crear wearables dignos de ser llevados con estilo, orgullo y distinción. De ser deseados. Fashionables para complementar una carencia de tecnología y de necesidad. Creo que a todos nos gustaría trastear unas Google Glass pero no sé si alguno se atrevería ir a trabajar con ellas y llevarlas todo el día puestas.  Por eso están fichando a profesionales del sector de la moda como le ocurre a Apple con Tag Heuer y a Google con Ray-Ban y Oakley , por ejemplo.

Hasta que llegue ese día, el día que la potencia de un Smartphone quepa en un tornillo  y  que cualquier par de gafas pueda incorporar tantas o más capacidades que las Google Glass de manera inapreciable. Hasta que llegue ese día, no creo que veamos a un pasajero de a pie consultar información de vuelos o haciendo wayfinding hacia su puerta de embarque, área comercial o de ocio  recomendada a través de dispositivos de este tipo. Es un mundo que acaba de comenzar.  Démosle tiempo. Todavía está en el vientre materno.

Mientras tanto,  siempre podremos descargarnos un App.

 

 

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7 Comments » for Los wearables entran en los aeropuertos
  1. Gran aporte lo de la megafonía personalizada. No lo había pensado, pero una chorrada así con tu móvil por bluetooth conectado a la sala VIP y con mensajes en el idioma del pasajero y para su vuelo concreto tendría al menos un efecto marketing interesante.

  2. Jesús Viciana says:

    Querido lector, por muy disparatadas que puedan parecer ciertas iniciativas, casi ningún visionario ha conseguido acertar sobre cómo y hacia donde evolucionará la tecnología, y lo que es más importante, la influencia que tienen los usuarios en dicha evolución. ¿Acertará Spike Jonze con su visión?

  3. Andrew Lama says:

    Estimado Sr. Viciana. Leo con atención su post y estoy con usted en que los wearables serán elementos a tener en cuenta en el futuro, no solo de los aeropuertos, sino de todas las actividades cotidianas. Sin embargo, creo que este tipo de dispositivos irán mucho más allá de lo que usted plantea (es posible que lo haya dejado para otro interesante post).

    Gracias a la nanotecnología, los wearables no serán dispositivos que, como los smartphones, nos mantendrán informados de un sin fin de parámetros de nuestro entorno, sino que serán prendas que interactuarán.

    Un wearable no me dirá la temperatura que hay a mi alrededor, sino que procurará que yo esté a la temperatura que desee. Un wearable no me informará de cual es mi puerta de embarque, sino que me permitirá pasar por ella identificándome sin necesidad de hacer el más mínimo gesto. Un wearable reconocerá a mis conocidos antes que yo (siempre que vistan wearables, igualmente). Un wearable, en fin, será parte de mí y de mi entorno al mismo tiempo.

    Me ha agradado leer sobre este apasionante tema y le aseguro que el campo donde usted se mueve, el de la aeronáutica, es posiblemente uno de los más indicados para este tipo de desarrollos.

    • Jesús Viciana says:

      Estimado Andrew, gracias por aportar tu punto de vista que sin duda es muy interesante. Me alegro que el post te haya gustado y que el tema interese.
      Efectivamente, el campo de los wearables tiene mucho recorrido y es muy apasionante. La nanotecnología, el R&D de los interfaces, el internet de las cosas y el bigdata sin duda tienen un papel protagonista.
      Dejo para mi próximo post hablar sobre cómo progresan y confluyen estos mundos, sobre todo en los aeropuertos y en la industria aeronáutica que es nuestra pasión. Es verdaderamente interesante analizar cómo se plantean la gestión de cantidades ingentes de datos y de un número hasta ahora inimaginable de nano dispositivos interconectados a su alrededor interaccionando los unos con los otros para conseguir una experiencia de usuario “transparente”.

  4. José Ignacio Aranda says:

    Recuerdo hace un par de años, el caso de Neil Harbisson, un artista que sufría una minusvalia que le impedía ver los colores, tenía eso sí una buena visón monocromática, copresidente y fundador de la Fundación Cyborg, utilizaba sobre su cabeza a modo de tercer ojo, un dispositivo electrónico que le permitía traducir los colores en sonidos. En su pasaporte británico consiguió que en su foto oficial figurara con el dispositivo montado sobre su cabeza.
    Hace algún tiempo también, coincidí en una presentación con el actual presidente del grupo Swatch, nos decía con cierta preocupación, como los adolescentes en pleno inicio de los smartphones comentaban: Do I need a one function device? Para que necesitaban tener un reloj de pulsera, y …..solo para saber la hora como única función, cuando en el móvil lo podían consultar o simplemente configurarlo como salvapantalla.
    Quizás nos costaría adaptarnos al estado actual de las google glass para llevarlas siempre, pero posiblemente menos si pensamos que fueran simplemente lentillas, y no gafas.
    El futuro está aquí y no es predecible a largo plazo, andemos como consumidores responsables, abiertos a las tecnologías de IT que nos faciliten la vida, y el tránsito por los aeropuertos.

    • Jesús Viciana says:

      Estimado Jose Ignacio:
      Muchas gracias por tu aportación. El caso de Neil Harbisson es el uso de un wearable aplicado a una minusvalía. En esos casos, la necesidad se antepone a cualquier otra característica ya sea estética o de cualquier otro tipo.
      Bajo mi punto de vista, uno de los grandes retos será inventar nuevos interfaces fruto de los avances tecnológicos, o viceversa, porque la información ya está (más o menos). Sólo hay que capturarla, explotarla y usarla en nuestro favor.

  5. Borjamari Pardal de Sotomayor says:

    cool
    wearable
    fashionable
    bigdata
    wayfinding
    …….

    …. y yo comprándome la vigésimotercera edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua. ¡Seré paleto!

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