24/08/2015

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Tacaños a bordo

En el supermercado cerca de mi casa ya no dan bolsas gratis. Además te cobran la ridícula cantidad de 5 céntimos por una de buena calidad. Por supuesto, esto hace que la gente traiga sus propias bolsas para ahorrarse pagarlas. Más aún, como uno nunca compra una sola cosa, aquellos que nunca se acuerdan de llevar la bolsa -como es mi caso- han desarrollado extraordinarias dotes de malabarista.

La gente está dispuesta a soportar lo insoportable si saben que se están ahorrando un céntimo.

Esto hace que el proceso de hacer la compra se torne bastante molesto. ¿Por qué no pagamos los 5 céntimos?

La gente está dispuesta a soportar lo insoportable si saben que se están ahorrando un céntimo. Dicho de otro modo, estamos dispuestos a tolerar la incomodidad y la indignidad siempre y cuando sea barato. Michael O’Leary, el jefe visionario de Ryanair, llegó a esta conclusión hace varios años.

O’Leary le cobra a la gente para facturar las maletas. Esto nos obliga a pensar en cómo limitar nuestro equipaje a una sola maleta de mano. Nos convence de tomar un vuelo infame a las 5 y cuarto de la mañana aun cuando se llega a destino bastante antes del canto del gallo. Nos obliga a imprimir nuestras propias tarjetas de embarque; poco importa si no tienes una impresora a mano. Finalmente nos amontona como ganado mucho antes de que nuestro avión llegue a la puerta de embarque. Luego nos toca quedarnos allí, de pie, un buen tiempo, como animales del matadero.

Ni siquiera te puedes escapar al circo a bordo del rasca-y-gana.

Me puedo enfadar y quejar. Refunfuñar no me conducirá a nada. Tengo lo que me merezco. Lo sé. ¿Cómo voy a quejarme? Simplemente los compré porque… los billetes eran baratos.

 

 

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