23/07/2018

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Aeronaves convertibles

Una aeronave convertible es aquella que es capaz de despegar y aterrizar en vertical, como un helicóptero para, una vez alcanzada la altura y velocidad suficiente, desplazarse en horizontal como un avión convencional. También se conoce como convertiplano o aeronave de rotores basculantes. Este concepto mediante el cual las hélices-rotores pueden cambiar su posición 90º respecto al fuselaje actuando como rotores en el modo helicóptero y como hélices en el modo avión con alas fijas, es denominado VTOL (Vertical Take-Off and Landing).

Las aeronaves VTOL surgen de la necesidad de acortar las pistas, así como la posibilidad de disponer operativamente de las aeronaves en cualquier clase de terreno.

La necesidad de acortar las pistas de despegue y aterrizaje, así como la posibilidad de disponer operativamente de las aeronaves en cualquier clase de terreno, incluso en portaaviones en alta mar, impulsó este tipo de tecnología.

El convertible más famoso es quizás el Bell Boing V-22 más conocido como Osprey, en el que se intentó unificar la maniobrabilidad del helicóptero, su facilidad para despegar y aterrizar en vertical, con la velocidad de traslación de los aviones. Esto se consigue cambiando la posición de sus hélices. Lamentablemente, este modelo de aeronave es muy caro de fabricar a la vez que tiene un mantenimiento caro y complejo. Operativamente, aunque más rápida que otras aeronaves similares, también es menos eficiente aerodinámicamente, lo cual afecta a su maniobrabilidad y a su seguridad.

Existen otros modelos experimentales cuyo diseño y pruebas sirvieron para desarrollar las cualidades del despegue y aterrizaje en vertical en una aeronave de alas basculantes, algunos de ellos son: Canadair CL-84 Dynavert, LTV XC-142 o el Vertol VZ-2 (Model 76).

Aunque en un principio estas máquinas pudieran resultar algo fantasiosas, era cuestión de tiempo que se convirtieran en una realidad. Si nos entretenemos en echar un vistazo a los nuevos conceptos en modelos de aeronaves que están desarrollando las diferentes empresas aeroespaciales, podremos tener alguna idea de la aviación que nos espera en años venideros.

El coche volador Terrafugia TF-X, es un vehículo VTOL híbrido que funciona con gasolina y electricidad, cuatro plazas, y dos alas plegables con sendos motores en sus extremos, consiguió en 2015 la documentación necesaria para hacer ensayos de vuelo con una maqueta, aunque sin pasajeros ni piloto.

La empresa estadounidense Krossblade, presentó el SkyCruiser, un vehículo de transporte híbrido, de 8,4m de largo y 1,3m de alto, despega y aterriza como un helicóptero. Para ello extiende sus 4 rotores como si de un dron se tratase y, una vez en altura, sus rotores se pliegan comenzando a volar como un aeroplano propulsado por hélices traseras y alcanzando hasta 500 Km/h.  Cuando está en el suelo se transforma en un vehículo apto para trasladarse en carretera, ya que repliega y guarda sus alas en el propio fuselaje. Las puertas se pliegan hacia arriba para el paso de hasta 5 pasajeros. De momento es sólo un prototipo y mientras lo comercializan experimentan con el SkyProwler, un modelo a escala del mismo concepto.

Los drones transformables tampoco son nuevos, Google y la NASA, por ejemplo, cuentan con sus propios proyectos de drones para el transporte de personas basados en este concepto.

El EHang 184 AAV (Autonomous Aerial Vehicle) es un dron de origen chino con un elevado nivel de madurez y que se prevé esté en el mercado de forma inminente. Utiliza energía eléctrica, tiene 4 propulsores y un tamaño suficiente como para albergar una persona de hasta 100 kg en el interior de su cabina. Aunque no se puede pilotar desde el interior, puede trasladar al pasajero a un lugar determinado mediante el uso de una aplicación de móvil. Su autonomía es de aproximadamente 20 minutos de vuelo a una velocidad de 100 km por hora, lo que implica trayectos cortos, pero puede ser bastante útil para emergencias médicas o desplazamientos turísticos.

Finalmente, también se presentó recientemente el Flyer de Kitty Hawk, un dron de diez hélices que, patrocinado por uno de los fundadores de Google, sigue la misma línea que los vehículos que hemos comentado anteriormente. Según sus fabricantes, con él se aprende a volar en unos minutos y no será necesario disponer de licencia para pilotarlo (aunque esto último es algo que, obviamente, será la autoridad de aviación quien tendrá que definirlo).

En definitiva, la tecnología que hasta hace muy pocos años parecía una quimera, propia de películas futuristas, la realidad nos demuestra que es posible llevarlas a cabo mediante pequeños avances y una iteración constante que nos van llevando hasta conseguir, si no mejorar, el concepto inicial.

 

 

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