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Todo lo que sucede en un aeropuerto es ideado y supervisado desde el ámbito de la aeronáutica. Desde su viabilidad como sistema general, hasta su diseño, ejecución e incluso explotación se rigen por criterios aeronáuticos. Pero el diseño de este tipo de infraestructuras exige la participación no sólo de ingenieros, capaces de dimensionar y engranar sus procesos aeronáuticos, sino también de perfiles que puedan convertir dichos procesos en flujos, volúmenes y espacios.

La confluencia de ingeniería y arquitectura en el entorno de un aeropuerto es una simbiosis indispensable.

La arquitectura es la única disciplina que puede brindar un servicio complementario de esta naturaleza a la ingeniería. Y es en los aeropuertos precisamente donde esta convivencia se hace más necesaria. Un aeropuerto en su fase de diseño requiere que, se transformen ideogramas en programas, cálculos de tiempos de espera en flujos concretos, y prognosis de tráfico en espacios atravesados por luz. La confluencia de ingeniería y arquitectura en este entorno es una simbiosis indispensable para idear lo que hoy supone, por ejemplo, un edificio terminal.

Conceptualmente un edificio terminal no es más que una especie de puerta por la que pasa un pasajero para ir desde un taxi, desde un tren, o desde un vehículo particular, hasta un avión. A priori bastante sencillo. Sin embargo, si tenemos en cuenta que al mismo tiempo su equipaje ha de recorrer el mismo trayecto, que en lugar de un pasajero lo hacen miles en pocos minutos y que todo ello está afectado por procesos adicionales que deben funcionar con enorme precisión, el concepto se complica muchísimo.

Es por esto que diseñar un edificio terminal significa, en gran medida, resolver los flujos de esos procesos. Lo que desde un punto de vista arquitectónico sería resolver la planta. Los flujos deben estar bien dimensionados, ser intuitivos y guardar una correcta relación entre ellos. Sin eso no hay nada. La planta aporta claridad, precisión y funcionalidad.

La sección aporta todo lo demás. En un aeropuerto la sección es clave porque a través de ella separamos los flujos organizados en planta. Es en ella donde la escala humana se encuentra con la escala de la aeronave y es en ese punto donde la fachada de un terminal toma forma. Ningún estudio de tráfico aéreo, ningún diagrama de flujos o prognosis de tráfico, trabaja en sección.

Además de todo ello, el diseño de edificios de un aeropuerto presenta otros grandes retos, únicamente solucionables por un arquitecto.

  • Manejar grandes escalas, siempre difíciles de resolver desde el punto de vista compositivo.
  • Proyectar edificios fácilmente ampliables, puesto que no dimensionamos los terminales en 2015 para el número de pasajeros que moverá el aeropuerto en 2050.
  • Hacer cumplir una normativa cambiante y exigente.
  • Y por último, hacerlos eficientes y de mantenimiento sencillo ya que, por su escala, magnifican consumos y gastos.

Con frecuencia percibimos que para un buen número de pasajeros el hecho de viajar suele traer consigo cierta tensión, nerviosismo o ansiedad. No conocer con certeza por dónde deben circular o qué procesos han de superar, facilita que surjan tales emociones. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez qué ocurre cuando lo que experimenta es todo lo contrario? ¿Por qué ante idénticas situaciones en distintos aeropuertos, lo que siente es calma o control de la situación? Si eso es así, muy probablemente sea gracias a la arquitectura y a que detrás de ese diseño hay un profesional (en realidad muchos) que, como decía el maestro Alejandro de la Sota, es el único que le da liebre por gato.

 

Alejandro Martin
Principal Architect

 

 

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